Todos somos porn stars y hay que creerlo.

(Originalmente publicada el 22 de enero de 2010)

“El porno dice: hay un sexo bueno en alguna parte;

yo soy su caricatura” (J. Baudrillard)

“¿Mirar porno te vuelve perversa?”, “¿Es sano masturbarse mientras ves películas eróticas aunque tengas pareja?”, ¿Las mujeres, realmente, miran este tipo de películas?”, “¡¿No te sientes sucia?!”.

Estas son algunas de las preguntas que me hacen mis amigas al comentarles, en voz alta, que sí me gusta la pornografía. Que más que verla como llave para la entrada al infierno, pienso  que son la clave para entender muchas situaciones que definen nuestra vida sexual. Sí, nuestra vida sexual. No nuestra vida en pareja.

Lo que hacemos muchas es hablar de lo mal que nos va en nuestras relaciones: “no me llama tanto como antes”, “ya no lo hacemos día y noche”, “creo que la nueva de la oficina está coqueteando con él” -y un largo y aburrido etcétera-; o simplemente nos quejamos porque nos cayó la plaga de la soltería, cuando debería ser uno de los estatus más divertidos. No sólo porque aprovechas el tiempo en proyectos personales, sino porque es un buen momento para descubrir quién eres sexualmente. La imagen y la literatura no pueden faltar en este proceso de introspección: hay que leer sobre sexo. Hay que ver porno.

Citando a Baudrillard: pornografía es caricatura. Representación del buen sexo. Eso hay que tenerlo en cuenta. El sexo “real” comienza al decir “mucho gusto”. Le das la mano a esa persona y algo pasa. Lo que sucede de ahí a que llegues a intimar  es un universo completo: miradas discretas frente a un montón de gente, roces, silencios necesarios…  ¿Algo parecido a una porno hasta ahora? ¡Nah!

Ver una caricatura del sexo bueno puede ser provechoso. Puede ayudarnos a decir: “ey, ¡yo jamás seré este personaje y no me vestiré con esta ropa nunca!” O, al contrario, tener la parafernalia completa y disfrutarla con tu pareja, cámara en mano ¿por qué no?

Silvia Saint nació el 12 de febrero de 1976 en la República Checa. Realizó estudios de administración de empresas y tuvo un par de trabajos, hasta que en 1994 se fue a Estados Unidos a trabajar como modelo por razones económicas. De cara angelical y cuerpo perfecto, sin cirugía plástica, saltó de las páginas de la revista Penthouse al mainstream cinematográfico porn. Desde ese momento, es una de las grandes del medio.

Muchos la aman por su cándido rostro y su cuerpo ideal. Otros por su actuación tranquila, calmada, sin gritos y chillidos irreales y poco sofisticados. Me incluyo en este grupo. Su compañero de trabajo favorito, Mr. Marcus, la acompaña en estas escenas al mismo ritmo, haciendo de las películas de Saint un verdadero ejemplo de material pedagógico.

Nos gustan Silvia y sus películas porque nos recuerdan que todos somos porn stars, a pesar de nuestro color de piel, de los kilos que tengamos encima o de nuestro compañero del momento. Somos porn stars y hay que creerlo. Así todo será mucho más divertido.

Samantha Mesones.

 

3 comentarios en “Todos somos porn stars y hay que creerlo.

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