La coquetería en nuestro-demente- álbum de familia

Hace unos meses encontré este video educativo –gringo- sobre los Do’s and Dont’s de una primera cita. La salida de un chico, en los años 50, debía ser perfecta: la chica tenía que ser la adecuada; el sitio de encuentro ni muy muy ni tan tan; la despedida sin picos emocionales.  Igual que la silueta pin up de la misma década, estas imágenes de perfección pre-amorosa forman parte de nuestro álbum de familia. Nuestro demente y ficticio álbum de familia.

Puedo decir que el imaginario coquetero femenino está empeñado en ser caricatura. Ilustración vintage de boquita roja y encaje. Chicos que tocan nuestra puerta a llevarnos a la feria y a portarse bien con nosotras.

La voz femenina, a punta de canciones y desgarros despecheros, ha sido la más sensata en todo este asunto: La Lupe,  Billie Holiday, Chavela Vargas o The Supremes. Madonna, Lady Gaga o Adele. No importa la edad, la época o el color de su cabello. Sus voces roncas y borrachas están claras.

Ilustración: María Raquel Ferrer (@la_zurrapa) ❤

Duele horrores perder a alguien cuando estamos aún enamoradas. Es difícil decirle a tu chico que ya no lo quieres más -es difícil, simplemente, tomar la decisión de quedarte sola-. Por otro lado, es fabuloso cuando alguien te gusta. Cuando te aceleras al recibir un mensaje picarón a media tarde. Cuando te vuelves niña ante una mirada que te está diciendo mil cosas. Cuando sabes que tu corazón se hará delator en cualquier momento.

Pasan los años y cada vez es más emocionante que nos guste la piel del otro. Entender una noche única y dejarse llevar por sexo anónimo y lleno de pintura corrida. Mordiscos que suenan todo el día pero que tienen fecha de caducidad. Es perfecto descubrir el sexo a medida que nos vamos conociendo como sujetos. Cosas que se desarrollan en estas soledades contemporáneas -parafraseando a Echenique en su estupendo ensayo “Entre el amor y la soledad”-.

No somos pin ups. No somos afiches. No somos dibujos. No somos videos educativos. Somos humanos con sangre caliente.

No existe el bad timing. Siempre –siempre- es el correcto. Ese abrazo largo se quiso dar. Ese beso múltiple –todos con todos-, se disfrutó. Esa mirada, se sintió. Las escapadas valen su peso en oro. Ese mail del canosito que suena discreto al comienzo pero que al final insiste:  “pero por qué no sé de ti… escribe…” se quería mandar.

Este año ha sido una escuela.

(Originalmente publicado el 26 de octubre de 2011)

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