Porno 2.0

Últimamente está muy en boga el término 2.0. En general, es la web siendo amistosa y tolerante: no es cerrada porque te da opción a opinar sobre los contenidos encontrados en la página; puedes elegir qué material quieres mostrar y con la regularidad que se te antoje;  eliges a los amigos a quiénes deseas seguirle la pista. Yo me confieso adicta a un par de estas redes, especialmente aquellas donde el flujo de imágenes es la característica principal. Pero lo que me parece más importante de todo este proceso es que puede vivir la web desde afuera. No hace falta que estés sentado en una computadora para estar conectado. Desde los celulares inteligentes puedes acceder y compartir información, o simplemente dejar programada la actualización de tu blog.

“Porno 2.0” – dice un amigo al ver la pantalla dividida en 20 partes iguales llena de mujeres desnudas con laptops en sus pancitas echadas en la cama- ; parejas de chicos cayéndose a besos en el mueble de su casa; una señora, que podría ser mi abuelita, en sostén; chicas que sólo muestran su cara mientras que su perfil dice “I’m bored. Porn me” ;  la espalda de un sujeto gordito cuyo perfil lo describe como  Hairy and Horny . Estamos en cam4

La pantalla espectaculariza la intimidad pero saca lo mejor de nosotros al hablar de sexo.

Es como entrar al Facebook de la pornografía. El sexo se muestra a puertas abiertas, con espaldas peludas, vientres gorditos, lentes de montura y cabello despeinado. Lo más interesante del porno web interactivo es pedirles a estos personajes que hagan o dejen de hacer cosas.

Siempre hay un ojo que observa, y no necesariamente es un padre, una cámara de vigilancia, un jefe, un novio celoso. El peor vigilante es el que tenemos por dentro. Siempre remitiéndome a mi adorado Foucault: el panóptico es una cárcel ambulante. La llevamos por dentro. Sin rejas, represores, horarios, puertas o castigos. Son las normas que nos moldean desde la educación, la religión y el imaginario.

Debemos tomar en cuenta el factor “pantalla”. Ella remite, inevitablemente, al disfraz. Y con una máscara podemos ser y hacer lo que queramos. Si bien es cierto que el porno 2.0 obvia la producción de la puesta en escena que la caracteriza, la interfaz funciona como una especie de estudio abierto que si bien no edita la imagen, ciertamente la dota de una mediación que espectaculariza la intimidad.

El costume da vida a voces que no sabemos que tenemos, incita a dar movimientos que nunca hemos hecho en vivo, saca  lo mejor de ti. Creo que la 2.0 forma parte de un proceso de liberación que llega a niveles tan privados como nuestra propia sexualidad. Y no sólo se trata de ponernos una máscara. Se trata de que hemos logrado usarla frente a una cámara y compartirlo. El panóptico desplazado.


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