Groserito es más bonito

Una de las primeras cosas “malas” que aprendemos es decir groserías. Al comienzo es simple  repetición de sílabas.  Pero cuando toda tu familia voltea a decirte: “Eeeeepa, eso no se dice”, la conciencia empieza a hacer su trabajo.

Ser una mujer “grosera” es muy mal visto . Pero, la verdad, no confío en aquellas que no digan groserías. La palabra también se viste: tiene un look para la ofi, otro para las amigas y uno que se sienta a pensar y se hace letra escrita. Por eso, si no logras darle permiso a tu palabra para volverse loca de vez en cuando, estas muy muy mal.

Ver un docu sobre la historia de una de las groserías más conocidas en el mundo, me dejó fascinada. Y, sobre todo, si tiene que ver  con lo que amamos con locura por estos lares: sexo.

Si ya lo has visto, compártelo. Si no lo has pillado, dale play. Pero ya 🙂

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