El cuerpo, en sus comienzos, fue discreto

El cuerpo, en sus comienzos, fue discreto.

La sensibilidad social es la piel de toda época. Cómo luces, cómo hablas, con quién te relacionas son acciones que le dan cara a  una sociedad. Es lo primero que se ve. Así, el S. XIX estuvo forrado de apariencia.

El cuerpo, siempre tratando de hacer lo que le place, fue sosegado a través de normas de etiqueta. Afirma Robert Muchembled en El Orgasmo y Occidente: “Las tiranías de la intimidad llevan a los miembros de la clase media del S. XIX a valorar una cultura de la personalidad (…) El hombre de bien representado en los manuales de etiqueta debía ser capaz de olvidarse de su propio cuerpo” (239).

Si el movimiento estaba silenciado, todo lo que viene con él, también. Del castigo divino pasamos al castigo corporal: quien disfruta de su sexualidad es enfermo. La medicina se hace reina. La histeria, por ejemplo, se convirtió en uno de los fenómenos más estudiados en el S. XIX por los médicos de familia. El mal humor, la irritabilidad, el malestar general eran los síntomas de dicha enfermedad que solo era diagnosticada en mujeres. Era, simplemente, esposas frustradas que no lograban alcanzar el orgasmo sanamente en sus matrimonios. Los doctores, primero con sus manos y luego con tecnologías diversas, lograron desaparecer dicho malestar. El comienzo de la historia de nuestro querido vibrador.

No pasó mucho más durante un tiempo. Es más, Muchembled asegura que desde 1800 hasta 1960: “(los cuerpos) afrontan una indiscutible represión de los deseos carnales” (236). Fue en la mitad del S. XX cuando cambió por completo la sexualidad humana.

Pero, mientras tanto, ¿Qué pasaba en Venezuela?

A finales del S.XIX se podía leer en prensa, según Rafael Cartay en Fábrica de Ciudadanos, cosas como esta: “No te cases con niña politiquera, y menos te enamores de bachillera. Esas mujeres siempre dan a los hombres mil padeceres”. (110). Coser, cocinar, respetar, obedecer, era lo más que podía hacer una dama.

Afortunadamente muchas mujeres, comenzando el S. XX, reivindicaron nuestra voz y la hicieron visible en periódicos, en peleas políticas y, por supuesto, en las casas. Las letras femeninas se empiezan a ver discretamente. Los movimientos culturales, también. Y es a mediados de la década del cuarenta cuando podemos ejercer nuestro derecho al voto.

Pero en el espacio privado el rol se limitó por mucho tiempo a darle felicidad al esposo a través de una buena cocina y la administración de las tareas del hogar. En algún  momento se llegó a pensar que la esposa era para tener hijos y criarlos para bien. No para compartir placer con ella. No muy lejano a lo que pasaba en el resto del mundo.

Revisamos, como ejercicio investigativo, tres meses de prensa (El Nacional): 01-01-1945 al 01-03-1945.

Leímos cosas como esta:

“En viaje de placer salieron para México, donde pasaran una temporada, el señor Luis Henrique Muro, conocido empresario cinematográfico y figura prominente de la sociedad, en compañía de su esposa e hijos”. 11 de enero de 1945. El Nacional.

O esta:

“El sábado pasado contrajeron matrimonio en esta ciudad el mayor Louis Miccio, adjunto agregado militar de la embajada americana y la encantadora Srta. Fonseca, perteneciente a una distinguida familia caraqueña”. 24 de enero de 1945. El Nacional.

El Nacional, Caracas, 1945.

Además, observamos una sola reseña de una profesora que estaba dando clases en un colegio nuevo en las afueras de la capital. De resto vimos muchísima publicidad para embellecer a las jóvenes, muchos afiches de estrenos cinematográficos y vestidos de moda.

Ha pasado mucho tiempo. Nuestras voces se escuchan por todos lados. Somos profesoras, amantes, esposas, trabajadoras, creadoras y proactivas. Seguimos queriendo estar bellas con el vestido de moda e ir al evento más chic de la noche.

La gran diferencia es que podemos escoger. Sin lugar a dudas y sin miedos, en el ámbito privado y público, somos lo que queremos ser. Es cuestión de decisión. Porque, afortunadamente, tenemos opciones. La historia me ha dado la libertad. Y por eso celebro hoy.

Samantha Mesones.

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