Ciudad “barajita repetida”

En el mundo de las citas, besos y amapuches, hay ciertas reglas que se deben cumplir.

Si sabes que tu amiga ha llorado aunque sea una vez por ese chico, es mejor que no le eches ni una miradita. Tendría que pasar un poco de tiempo para que ella haya superado al sujeto.

Pero hay casos de casos. Suele suceder que hay un picarón que le ha dado besitos a más de una de tu grupo. Y nadie ha llorado por nadie,  no hay engaños dolorosísimos, todo ligero . Simplemente es un chico que le cae bien a todas y, además, “besa como nadie”.

El fin de semana pasado fuimos a una fiesta en un local de Caracas. Djs de la ciudad se montaron y nos hicieron bailar hasta que el cuerpo no dio más. Una onda pachangosa se apropió del mood de los que estábamos ahí esa noche. Ya el ron no hacía efecto. Todos empezamos a tomar agua y a brincar como si fuese el último día de nuestras vidas. Los cuerpos sudados no se separaban. Al contrario. Todos empezamos a bailar en pequeños grupos. Dos, tres, cuatro, todos a un solo ritmo y felices. Y el calor se acentuaba, las manos tocaban y todos se besaban.

Yo, con mi eterno espíritu de hermana mayor, le echaba un ojo a las nenas que iban conmigo. Me di cuenta que ya los besos no tenían nombre: “Sam, ¿ves a ese pana que besa a ______? Bueno, ¡es su mejor amigo! ¿Qué esta pasandooo?” Yo no entendía muy bien las relaciones de estas chicuelas, todo me daba igual, yo solo brincaba y brincaba y brincaba hasta que este chico, con el mejor guaguancó del sitio, me saca a bailar. Y no nos soltamos.

Las manos se pusieron tremendas, las caras se acercaron cada vez más, pero, de verdad, mi cabeza estaba concentrada en bailar. Más nada. Pero ya el daño estaba hecho. No había pa’ dónde ir.

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Aun así, me separo y me preparo para irme. Las chicas de mi grupo –todas- me dicen: “pero bésalo ya, no tienes idea lo bueno que es”. Una de ellas es más específica y me dice que no sólo sus besos son buenos, que por favor me ponga las pilas y me lo lleve  a casa. Llega otra y confirma lo dicho: “Es el mejor, no te vayas sin cuadrar con este chico”…

Lo único que se me vino a la cabeza en ese momento fue la imagen de un álbum lleno  y un grupo de niñitas cambiando las barajitas repetidas. Una ciudad con caras y besos dobles, donde ya no importa si tu amiga lo tiene en su colección. Un grupo de nenas explicándote con lujo de detalles lo que significaba estar con este chico.

Tuve que besarlo para entender. Y yo,  picada como estaba, traté de que las cosas se llevaran a mi ritmo y no al suyo. Mi ropa intacta, la de él no tanto. Su boca quieta, la mía mordisqueando. Aún así, este chico se lleva todas las flores.

“Estoy con mi amiga, no puedo irme contigo, pero nos estamos viendo por ahí”, le dije. Y, así, la noche terminó perfecta.

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