¿Qué tanto tenemos de súper heroínas y villanas?

Desde hace un tiempo colecciono comics donde las chicas son las protagonistas: vaqueras de los sesentas que con botas altas y maquillaje perfecto resuelven los asuntos más sangrientos, asesinas gore de los ochentas que se deshacen de los malos amantes, niñas de cabello largo que hacen lo posible por recuperar el amor perdido. Todas me fascinan porque son perfectas (porque son, finalmente, irreales).

Otros personajes no tienen poderes magníficos que las identifiquen pero son profesionales, imparables y le roban el corazón al súper héroe de la historia. Lois Lane, por ejemplo, conquista  a Superman detrás de un par de lentes, una máquina de escribir y el ímpetu de salir a buscar las noticias más peligrosas de la ciudad. Sin mucha patada y  alboroto, ya se convierte en heroína de muchas.

La Mujer Maravilla, referencia  de belleza y perfección, ha tenido unos cambios importantes que hace que se parezca a más de una de nosotras. Por ejemplo, en los años 70s le quitaron el traje estrellado a la pobre mujer y la convirtieron en una chica de pantalón bota ancha que salía en las tardes a comprar en el centro comercial. Y para atacar a los malos de la historia, se defendía con artes marciales. ¿Eso no suena a uno de esos cambios locos que de repente se nos ocurren para pasar el despecho asqueroso que a veces le da por aparecer?

Por otro lado, las malas de la historia son las más envidiadas del cuento. Los trajes que llevan no pueden ser más sexys y su actitud no se queda atrás. La seducción es el arma que las hace engañar, a ratos, al tonto súper héroe.

De buenas y malas está lleno el mundo. Y, no nos engañemos, a veces somos unas santas y cuando podemos (y debemos) somos lo contrario. No está mal crearnos un personaje que se acople a las necesidades de una ciudad que se mueve bajo unas leyes extrañas y cambiantes. Creo que todas deberíamos tomar lo más colorido de estas historias y hacerlas nuestras:

– Enamora a ese chico de tu oficina detrás de tu computadora y mirándolo discretamente detrás de tus lentes de montura.

– Resuelve tus problemas como en el lejano oeste: cabeza alta, voz clara y maquillaje perfecto. Que hablen. Mal o bien pero que hablen…

– Cambia de look de vez en cuando, sal con las amigas a tomar cocteles azules y a hablar de zapatos. No siempre conviene tener encima un traje de súper mujer…

– Si la oportunidad se da, conquista a ese muchacho con todas las herramientas que tengas en tu clóset y en tu cabeza: movidas de villana que en algún momento te regalaran sonrisas.

– Aunque no lo creas, todo esto está en un comic. Tenlos en tu biblioteca y un domingo cualquiera disfrútalos. Regálale el más sexy a tu novio/ jevito/ esposo/amante. Entenderá.

Originalmente publicado en Erika Tipo Web. 

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