De regreso

Se supone que este blog habla de tremenduras, besos y de seducciones ajenas (porque yo de eso, no sé nada. Todo me da pena).  Vivo en Caracas y, a veces, bajar las alertas puede terminar mal. Y sí, cuando ando enamorisqueada no piso tierra. Si me dicen: “vente, la cosa es aquí, luego del caminito de tierra, en burrito”, me lanzo. Cuando alguien no me deja dormir, hago lo imposible para estar con él. Invento reuniones, salgo más de tres veces por semana, la boca roja se pone de fiesta. Y, quien me conoce, sabe que no hay lugar más rico que mi casa –para mí, ojo-. Así que no salgo. Total, aquí está mi ron, mis libros y mi compu.

Este mes que pasó no estuve pendiente de nada. Absolutamente nada. La política nos invadió y con ella la emoción de una de las elecciones más importantes que nuestro país ha  vivido en mucho tiempo. Puedo decir que casi andaba por inercia.

“¿Salimos, Samy?”, me dice este chico que veo de vez en cuando. “Claro, estoy lista en 15”, le digo. Los pantalones más viejos de mi closet, mis converse azules y una colita mal hecha. De broma un brillito de labios. Pizza, porro, jugo de naranja y política. Lo único que hice esa noche fue acomodar los últimos detalles para una de las marchas más bonitas que hemos vivido en nuestra ciudad. La que despedía a nuestro candidato favorito. Porque, por suerte, casi todos mis amigos trabajaron en la campaña electoral. Así que una cita “útil” era justo lo que necesitaba este mes tricolor.

Otro día tuve que ir a uno de los prostíbulos más guapos de Caracas a entrevistar a un par de chicas que trabajan ahí. Lunes de lluvia, ron obligado y una de las conversas más fuertes que he tenido hasta ahora: violaciones, cicatrices, bebés robados, cocaína, operaciones plásticas mal hechas, ETS eternas… Tanta información y yo, bloqueada. El país sonaba más fuerte. Y lo que quería escribir era sobre nuestras políticas de género, sobre el machismo evidente que sobra hasta en las caras más bonitas de Caracas, sobre cómo quería hacerme amiga de “Alexa” y decirle que ella puede hacer algo más. Que dejarse violar a diario no es una opción.

No. Este mes no tuvo espacio para mi boquita roja ronera. Creo que no tuve cabeza ni para mí misma.

Ahorita me estoy tomando un roncito. Pasé una tarde linda. Ayer tomé sol y llegué feliz a mi casa. Dormí tranquila. Quizás la ilusión de este blog (que, sin broma, es lo que mantiene una sonrisa en mi boca a diario) está volviendo. Quizás quiera regresar en serio: twitter en mano, música sonando y amores nuevos naciendo. Esa soy yo. Al menos la que sonríe de noche por ahí.

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