“Lado b, la 4″…

Originalmente publicado el 08 de diciembre de 2010. Escenario: casa de Metra. 

Anoche descubrí, una vez más, por qué Cerati es sangre nuestra

Hemos hablado y leído de Cerati como locos esta semana. Estamos en la oficina, en silencio, y de repente se escucha un pedacito de “Crimen”.  Levantamos la mirada, nos sonreímos, y seguimos tecleando. O nos llega un texto increíblemente bello, una despedida exacta, perfecta, y la empezamos a compartir. Y las lágrimas, discretas, aparecen y se van. Así ha sido nuestra semana.

Desde que las cosas se empezaron a complicar para el músico un pedacito de mí está apagadito. Como bien dijo José Urriola en su texto perfecto “es inevitable sentir, al menos para mí, que está hospitalizado uno de los nuestros”. Y es así, un amigo está mal.

Pero anoche, redescubrí por qué quiero tanto a Cerati. Fui a visitar a un amigo, después de un día de trabajo largo, de llevar tacones altos, de andar por Caracas. Luego de hablar de nuestras cosas, de lo que habíamos hecho en la semana, me pongo a tomar unas fotos en el estudio. Este chico se va al cuarto y de repente se escucha la voz de Cerati.

Dejo lo que estoy haciendo, nos acercamos y nos damos un abrazo largote. Sin hablar mucho del asunto, lo entendemos .Lo rico, además, es que escuchamos un vinyl original del noventa y tantos, con su etiqueta de Bs. 600. Las canciones se acaban y tenemos que levantarnos para poner la que nos gusta. “¿Tienes Dynamo?, “Sí, claro”, “Ok, lado b, la 4”. Se escucha ese sonidito sucio tan peculiar, miramos el techo, seguimos echando cuentos y reímos.

“Recuerdo estar en 5to año y cantar con mis vecinos  esta canción”, me dice él. “¿Por qué estamos tan tristes?” le pregunto… Y así, entre risas,  cuentos, charlas sobre decisiones importantes de la vida, almohadas, Caracas y el Hilton, monte, Fito, Charly, nos damos cuenta que estamos viejos. Que nuestros ídolos ya no tienen 30 años. Pero la risa está ahí, los besos casi adolescentes, la voz de Cerati al fondo. Y entendí, una vez más,  que de eso se trata: él ha estado ahí en nuestros momentos más especiales. Un recuerdo más se tiñe de su voz.

Anoche me reconcilié un poco con toda esta desgracia. Pensé que Cerati – la vida, destino, qué se yo- escogió esta ciudad para pasar esto porque significamos algo para él. Porque el amor que todos sentimos por su persona lo cubre ahora. Porque le llegan nuestras lágrimas y nuestras sonrisas. A final de cuentas, estamos hechos de él. Y, una vez más, lo pude comprobar. Pase lo que pase, Cerati forma parte de nuestra sangre. Es familia.

Todos esperamos que hoy salgas de esta pesadilla.

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