OhMyP de visita por Brasil

Ando por Fortaleza. Ha pasado mucho desde la última vez que visité esta ciudad.

Mi impresión de aquel viaje del 2007 fue un sitio lleno de prostitución mezclado con gente de piel bronceada, hermosa y feliz. Brasileños fascinados con el latin mood del castellano y lluvia de caipiriñas. Es lo mismo, pero ahora intento descrifrar patrones de tremendura entre mis amigos locales -como hago en Caracas-. Todo acá es felicidad y tranquilidad .  Y desde la comparación, escribo.

Viernes de jazz e instagram

Con ganas de ver cómo se mueven otros lugares me acerqué a este sitio donde no hay más que brasileros hermosos en ropas chiquitas todo el día. En mi ciudad si quieres tremendear, lo haces. Todos están dispuestos. A veces la línea de “esto no” se desaparece.

Fui a un local que podría ser perfectamente caraqueño: afiches de los músicos que todos llevamos en nuestro Ipod, muchos vestiditos de flores, lentes de pasta, guitarras y barbas. Lo que no lograba entender era la cantidad de mujeres que estaban solas. Grupos de 3 y 4 muchachas hablando en sus mesas o bailando en grupo. Iban con unos tacones altísimos, cabellos  lisos y mucho maquillaje.

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Orbita, Fortaleza, Brasil. Mayo 2013. Ella es la músico con guaguancó. Asi que no estaba en el baño tomándose fotos Instagram.

En un sitio así  de caluroso debes ir al baño varias veces a ponerte agua en la cara, a pasearte por el aire acondicionado, a respirar. Pues resulta que ahí es donde estas bellezas hacen la fiesta: fotos y fotos de espejo, caipiriña en mano, hacen la noche de estas chicas. Instagram es la pareja perfecta, pienso. Jamás estás mal ahí.

De vuelta a la tarima y no pasa nada. Un montón de muchachos solos al otro lado de la fiesta, aburridos. Lástima que no pueden entrar al baño de niñas…

Mientras tanto suena una de las mejores bandas que he escuchado. Una cosa llena de jazz y  bocas rojas. Las jevitas que cantaban sí eran una masa impresionante de sensualidad ligada con qué se yo que te dejaban boquiabierto. Se acerca un amigo del grupo y hace lo posible por hacerse entender: “Eu puedo falar espanol, te lo prometo”, me  dice la lindura. Yo, con 3 tragos encima, le digo que no se preocupe. Que brasilerito se ve más bonito. No me entiende (claro) y solo me pregunto: “Qué demonios hace esta gente que no se está cayendo a latas…”

Domingo de cine, comida y bossa nova

Un local que queda a poquitos metros de la playa, hamacas y bossa nova de fondo, arte en las paredes y, como siempre, ese montón de gente hermosa. “Ahora, sí”, pienso. “Aquí voy a ver a un montón de gente feliz, una coqueteadera, una cosa. Pa’ la columna, pues”.

Una sala llena de cojines, cerveza de todo tipo, más vestiditos de flores, barba y lentes de pasta. Las lesbianas y gays están en su pequeño paraíso. Los cocineros y dueño del local amigos de la gente con la que me estoy quedando- nos bañan en atenciones. Y de verdad no podían ser más guapos. Todo el  mundo está buenote, acá.

Cerveza 4 (quien me conoce sabe que a la cerveza 2 “ay, estoy borrachita”)

Vemos la peli-drama, malaza, y nos sentamos a comer. Una cosa linda. Seguro. El amor y sus cositas seguían reinando en el lugar. Uno de los cocineros medio rozaba la mano en mi espalda, me regalaba postre, me coqueteaba con los ojitos.

Terminamos de comer y una muchacha de Rio comienza a contarnos sobre su pasión por la cocina. Lleva 4 meses en el nordeste y extraña sus cuchillos y sartenes. En ese momento le pide a los cocineros bellos que por fa le dejen cocinar, sin paga, en su local. Aceptan.

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La carioca nos cuenta: “El otro día hice café negro con naranja. No sabes lo bien que me fue esa mañana”. Y así comienza una de las conversaciones más ricas que he escuchado. “Cocinar para mi es una experiencia sensorial. Es un encuentro personal que disfruto. Y mucho más si es para acompañar una bebida especial, una ocasión”.

Se une a la conversa una de las cocineras del sitio y empieza a describir su manera especial de preparar los platos de la zona. Mientras, cierra los ojos y con las manos describe las texturas de los ingredientes (no sé cómo pero lo hizo). Rueda la cerveza y el bossa nova ahora suena más fuerte. Risas y risas entre los que comen y los que cocinan. Y empezó el festín de miradas para acá y para allá. Y dije: “ajá, por aquí va la cosa…”

Están acostumbrados a tanta belleza corporal  que sus pasiones van por otro lado: lo que hacen. Y cuando la belleza llega por lo que se hace y no por cómo se luce absolutamente TODO cambia. No hay foto ni filtro que pueda tumbar semejante sensualidad.

Mabembe, comida y otras artes, Fortaleza, Brasil. Mayo 2013.
Mabembe, comida y otras artes, Fortaleza, Brasil. Mayo 2013.

Mujeres despeinadas, hombres en cholas y franelas sucias de comida. Pero sin duda, de los más bellos que he visto en los pocos viajes que he hecho.

Sigo libreta en mano, pensando como siempre que soy invisible. De repente todos se voltean y preguntan: “y la venezolana, ¿qué tanto escribe?” Y les comento en qué ando. Pues todos están emocionados por salir en el blogcito de la caraqueña. La carioca al despedirse, me dice: “de eso se trata, de ir por ahí matando intereses. Si cocino, están invitados”. Extrañaba conversar.

 

3 comentarios en “OhMyP de visita por Brasil

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