Casi medio siglo ha pasado y otras voces se están escuchando

 

Recuerdo, hace mucho, haber recibido la noticia de que había muerto el novio de un compañero de trabajo de mi papá.  Al poco tiempo él también falleció.  “No soportaba estar sin su novio. Se fue por amor”, escuchaba en las reuniones que se hicieron en casa por esos días.

Ya grande, me hice muy amiga de una chica trans que trabajaba en una escuela de fotografía que visitaba frecuentemente. Salíamos a eventos culturales en la calle, tomábamos café y birras.  A mí se me olvidaba que estaba hablando con un hombre que se decoraba como mujer. Sólo los gritos de algunos imbéciles en la calle, desde sus carros, me recordaban que estaba caminado con una chica trans.

Y, de verdad, lo que menos me importaba era de qué color eran sus tacones o cómo llevaba las uñas. Tenía tantos problemas como yo y era fino simplemente escucharla y hablar. Luego, en Barcelona, estudié con Martina. Una drag catalana que entendía Lacan y bailaba en las noches por las calles del Raval. Una vez nos llevó a un barcito delicioso donde mujeres de dos metros, con cabellos amarillos, bocas rojas y rosas en la cabeza, nos atendían como reyes.

Toda la vida he estado rodeada del concepto homosexualidad como una manera más de expresar amor. Y, aún, no logro imaginar el dolor y frustración que debe sentir cualquier ser humano al prohibírsele lo más natural que podemos hacer: amar. Lo más cercano que conozco es  cuando te enamoras de una persona que está casada, por ejemplo, y llegó tarde  a tu vida. Imagino esa frustración para siempre, para cada persona que amas. Imposible.

Hoy, 28 de junio, celebro con mis amigos de la comunidad LGTB el Día del Orgullo Gay.

En el año 1969 pasó algo en New York City que cambiaría, para una parte del mundo, la manera de ver a la comunidad homosexual.

Stonewall es un bar ubicado en Greenwich Village. Antes de la década del 70 la homosexualidad era calificada, médicamente, como una enfermedad. Así que ni remotamente existían espacios para que pudiesen conocer gente. Este pequeño bar era oasis en el desierto. Muchos personajes entrevistados que estuvieron esa noche comentan que estaban hartos de no tener un lugar para “ser”. Un espacio donde les permitieran bailar. Tan simple como eso.

Hace 42 años, tal día como hoy, la policía entró una vez más en el local para encerrar a estos “enfermos” que compartían una noche de baile. No aguantaron más. Sin plan, simplemente con las ganas acumuladas de libertad, salieron a la calle por tres días para hacerse escuchar. La primera marcha gay de la historia.

Pero casi medio siglo ha pasado y otras voces se están escuchando. “Cynical and Southern: I Take No Pride In Being Gay”, artículo publicado por thenewgay.net, dice cosas como ésta:

“Gracias a los que han luchado por lo que somos ahora ¿pero con qué propósito nos convertimos en prisioneros de nuestra libertad? (…) ¿qué pasa con la liberación de nuestro carcelero interno? ¿Esa vocecita interior que nos dice que somos inferiores? (…) Hay demasiado énfasis en las diferencias humanas y muy poca sobre lo iguales que somos. Qué maldición sentirse inferior…o superior”

Hace unos días se permitió en el Estado de Nueva York, finalmente, hacer legal el matrimonio gay. Stonewall se llenó de color y alegría. Finalmente, “Love is love”.

Un comentario en “Casi medio siglo ha pasado y otras voces se están escuchando

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