Placer visual: en defensa de la pornografía.

Publicado originalmente el la Revista Ojo N° 16. 

“El porno dice: hay un sexo bueno en alguna parte, puesto que yo

soy su caricatura”

Jean Baudrillard, De la seducción.

 


La pornografía ya no es un placer vedado, ni la afición secreta de tu pubertad. Las mujeres, sobre todo, han adelantado un movimiento que las reivindica como creadoras y consumidoras de porno.

La etimología de la palabra pornografía proviene de los vocablos griegos “porne” y “grafía”. Su significado literal sería la descripción de una prostituta. Esta raíz etimológica da paso a dos interpretaciones feministas: una que la aborrece por poner en una posición despectiva a la mujer y a sus órganos;y otra que la exalta por darle más fuerza y decisiones a nuestro género en términos sexuales.

Debo inclinarme por la segunda opción, ya que reivindico el derecho de satisfacer mis necesidades visuales dentro del discurso pornográfico. Y, sobre todo, divertirme y disfrutar con él. Érika Lust, cineasta y escritora sueca cultora de lo erótico, se pregunta en su libro Porno para mujeres:

“¿Podemos hacer una pornografía feminista? Yo creo decididamente que sí. La pornografía, como toda expresión artística y cultural, tiene un discurso. En el caso de la pornografía este discurso habla sobre el sexo, y todo aquello que tenga un discurso es susceptible de ser abordado desde una óptica feminista”.

El carácter lúdico que implica estar con otra persona, el correr por la habitación y creernos otros, por decir poco, me encanta. Nos reímos de nosotros mismos, no tratamos de personificar a un prototipo. No es inmoral sabernos y entendernos como seres sexuales.2012_09_21_15_03_285378709188930883_11892714_1977

Una vez cerrada la puerta podemos saborear un poquito de libertad, de poder: hacer con él lo que quiera… ¿no?

No se trata solo de ver porno.

Una de las batallas que ha ganado todo este movimiento de “Porno para mujeres” es que se hizo visible una puerta que poco se mostraba. Se hizo más representable (y verosímil) el “caer en el deseo”.MichelaMarzano, filósofa italiana, explica en  La pornografía o el agotamiento del deseo:

“La sexualidad siempre fue algo casi imposible de representar. Nada es menos evidente que mostrar lo que significa para un hombre tocar el pecho de una mujer o su sexo, y para una mujer ver el sexo de un hombre y acariciar su hombro. Para lograrlo, habría que ser capaz de ver en escena las tinieblas en las que el hombre puede sumirse en busca del placer…”.

Las representaciones del cuerpo, antes de la aparición de la pornografía, se pueden relacionar con una imagen erótica-panóptica de la sexualidad. Foucault lo dijo: se mira, se desea, se juzga, pero no se toca. El deseo queda en terreno seguro. Lo erótico hecho arte (luz, cine, pintura y literatura) se lleva consigo una parte del deseo. Aunque el sexo y el cine tienen una historia larga, es con el porno chic—década del setenta—que legalmente podemos ver dos cuerpos (o más) deseándose. Por primera vez en la historia del cine se enseñan técnicas sexuales en un teatro.

Por supuesto, la pornografía se separa de toda representación real y humana del acto sexual verdadero. Es, como sabiamente apunta Baudrillard: caricatura.

Todas estas nuevas formas de ver y leer sobre representaciones sexuales han traído como consecuencia una palabra más abierta y sensata sobre nuestros deseos, gustos y acciones corporales. Poder descubrir que cada falda que uso, cada tacón que camina conmigo, cada pintura de labios roja que me acompaña dibuja una imagen de la mujer que soy. Y que cada uno de mis movimientos, colores y formas reflejan lo que estoy buscando.

Cada vez más estamos adoptando un código sexual que no necesariamente va de mano con una mujer rubia de cuerpo rimbombante. Mi nariz gordita, mi cuerpo flacucho, mis tardes gallas de lectura se han fortalecido. Así la visibilidad pornográfica, la caricatura, usada con inteligencia y mimetizada con lo que somos realmente, puede dar paso a una piel erótica consciente que nos dé una cuota de poder que sentíamos inexistente. Que rompa con la narrativa del mujerón. La pintura roja como capa de heroína, como arma liberadora.

 

Manejar el deseo

Las herramientas visuales eróticas pueden servir para desarrollar una imagen específica de ti. Cuando conseguimos una persona a la que queremos tener a como dé lugar, no hay vuelta atrás. El objeto del deseo puede ser proyectado como un territorio que debe ser conquistado. Un mapa con instrucciones de implacable búsqueda.

Si tomamos todo esto y lo quisiéramos proyectar en un espacio visual, veríamos locura. Porque cuando la pasión se empeña, no hay quien la calme. La razón, entonces, debe aparecer y darle un par de cachetadas a la obsesión y sus formas varias. Y volvemos a ser los de antes. Si quisiéramos hacer un guión de estos pensamientos llegaríamos, inevitablemente, a una historia de amor. Donde todo se puede, todo se ve, todo se sufre y se goza.

Hasta ahora no hemos hecho más que hablar de imágenes que pueden salir de una observación inteligente de la pornografía. Siempre me gusta afirmar: “todos somos pornstars y hay que creerlo”. La sexualidad en forma cruda y caricaturesca de la pornografía te da todas las herramientas necesarias para manejar, quizás de una manera más divertida, las complicaciones del cuerpo.

Debemos observar lo real, lo irreal, lo plástico, lo carnal, lo que nos gusta. Y hacernos un poco más fuertes con todo lo que nos ofrece. Es, finalmente, cultura visual. Esa que nos corre ya por las venas.

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