Sí. Aquí la pasamos bien

Una de las cosas que extraño de ser estudiante es tener tareas en común con mucha gente. No tienes que hablarle al que tienes al lado. Pero, al menos, sabes que se leyeron el mismo libro en el mismo momento. Lo extraño burda.

Cuando vi que nuestro amigo Ricardo iba a dictar un curso de literatura y escritura desde Eros, brinqué.  No sabía muy bien qué grupo iba a encontrarme. Fui con una idea medio egoísta: voy a leer y a escribir. Punto. Soy feliz.

El primer día todos llevamos nuestra mejor cara, saludamos a Ricky con cariño, nos sentamos a mirarnos de reojo. Sontag, Derrida, estructuralismo francés, Braudrillard, deseo, seducción, libretas de notas y piernas cruzadas.

“La seducción  jamás está contaminada de verdad. Es la gran mentira”, se escucha en la clase. Todos bajan la mirada, todos reconocemos que mentimos. Y sabemos, bajo la luz cálida de una sala-librería, que eso nos gusta. Porque la seducción, con puntos y comas, nos hace la vida un poquito más feliz.

Poco se habla de amor durante el curso porque eso viene después. Y, realmente, no fuimos a hablar de él –que es el plato fuerte-. Hablamos del aperitivo, el que despierta el apetito.

“Eros es el impulso inicial. Todos hemos estado frente a una hoja blanca. El golpe queda sonando en nosotros. Retumba. Y a partir de ahí, empezamos: la primera palabra, el primer beso, el primer encuentro”.

 

Comparar un encuentro sabroso  con el momento de sentarnos a escribir, hizo mi curso. Porque finalmente de eso se trata. A veces te echan un cuento que tienes que hacerlo letra o te dan un beso que te desbarata el mes completo. O, simplemente, estas en una fiesta y viste la cara de alguien y pensaste: “quién es él…”. El curso nos ayudó a canalizar las maneras de hacer texto este impulso primario.

“Desde la razón no se puede explicar”, dice una nota en mi cuaderno. “No se olvida el despertar del cuerpo”, dice otra. Y así, poco a poco, nos fuimos conociendo.

Hoy terminamos y somos otros. Somos distintos. Nos caímos a vinos y los cachetes se pusieron rojitos. El calor reinaba en la sala-librería. Sin contar la presencia de una de las letras y voces más coquetas que ha conocido nuestro país: Rubén Monasterios (Autor, entre otros, del libro “Lo erótico/Lo pornográfico. Ensayos sobre la sensualidad y el amor”) . Un señor de cabeza blanca pero de cuentos acalora’os.  Todas –TODAS- las chicas del curso nos pusimos chiquitas al lado de su inteligencia y experiencia.

“Vámonos de putas”, le digo a Rubén (fantaseando que una cosa así pueda pasar algún día). “¡Vámonos pues!”, me dice sonriente. Y me quedo callada viendo las caras de mis compañeros y de mi profesor. Estamos contentos porque hablamos, por un mes, de lo que nos mueve. Lo que nos hace sobrevivir en una ciudad que pareciera no la pasa muy bien.

 

 

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