El ojo enamorado: mi mini obsesión esta semana.

Facebook se ha convertido en mi sitio de trabajo desde hace un rato. Reírme de cualquier estupidez 9gag se ha vuelto mi día a día. Lo cual agradezco mucho. No más fotos del cumpleaños de la tía del pana al que tengo como 13 años sin ver.

Pero hace dos semanas me encontré con una imagen que me dejó medio tonta. Leo la descripción:

“En los siglos XVIII y XIX, los amantes británicos y europeos acomodados intercambiaban “ojos de miniatura”, prendas de amor tan clandestinas que aún hoy es casi imposible identificar a los destinatarios o a las personas que la imagen representaba. Estaban hechos para ser llevados debajo de la solapa, cerca del corazón”

ojito 1

Un ojito en nombre del amor. Um…

El concepto de retrato siempre me ha llamado. No se trata de copiar con detalles el rostro del que posa. Se trata de ser lo más fiel posible a la realidad de esa persona.

Es decir, una fotografía perfecta puede ser las manos ya arrugaditas de nuestra mamá. Y esa imagen evoca la tibieza de sus abrazos en los momentos justos, un beso en la frente de felicitación, su trabajo en la cocina. Su retrato se hace real tan solo con sus manos. El detalle la hace.

Un S. XVIII lleno de pinturas representativas, de cortes, realeza, apellidos y castillos me presenta esto : un amor anónimo. Porque esa persona que recibe el ojito reconoce, como se reconocen las manos de la madre, esa mirada enamorada. Una única -que no se anda repitiendo por allí-.

Recurro a uno de mis libros favoritos : “El ojo y la sombra. Una mirada al retrato en occidente” de Pedro Azara.

“ Los ojos siempre han sido temibles”, dice Azara (pag. 78). Más adelante: “El primer retrato que ha sido encontrado tiene 25.000 mil años ahora. Representa la cabeza de una hermosa y joven mujer, perfectamente modelada: el pelo largo trenzado, la delicada barbilla, las tersas mejillas, la garganta descubierta, todos los rasgos han sido fielmente reproducidos salvo dos: los ojos y la boca. ¿Por qué?”.

La mirada siempre ha sido protagonista, presente o ausente, en la historia del imaginario occidental. Y, como bien afirma Azara, es temida.

Una historia compleja de composición y descomposición de la figura humana a través de la historia del arte nos dice, nos grita: la mirada importa. Y posteo esto en un blog de cuerpos y lenguas porque es la mirada la que comienza todo. Son los ojos los que dicen lo que no puede decir la boca. Porque mientras se hace el amor – el amor-, lo que buscamos es el ojo del otro. Y por un momento todo se calla. Nos hacemos amantes sobre todas las cosas.

No se trata de vigilar. Es que ellos -los enamorados de los ojitos- se despojaron de su protagonismo, de su rostro, de su nombre para decir “estoy aquí”.

Tener bajo tu chaqueta la mirada discreta de esa persona que te ha confesado su amor es, por no decir más, perfecto.  No hay teléfono, mail, twitter, whatsapp que valga. Pero ni se compara.

Dicen tanto estos ojitos que aún hoy -tres siglos después, en otro continente, mientras  me tomo un vino en traje de baño- escribo esto.

Y pienso que no hace falta saber quién es la protagonista. Ese es su problema. La belleza de la discreción, esa que extraño tanto, aparece acá.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mari Pulido dice:

    OMG…. sublime..!

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    1. Miss Toy dice:

      Me gusta

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