Desde casa

Originalmente publicado en la Revista Ojo número 24. 

“Como productoras en una era de redes, el reto más básico y por ello más significativo, ya no es sólo la página o la pantalla en blanco. Es también la creación de la posibilidad de un tiempo en blanco. Llamémosle mejor: «un tiempo propio cotidiano»”

Remedios Zafra.

Una habitación propia conectada.

Siempre he sido muy casera. Siempre. No se trata de ser antisocial o que no disfrute entaconarme e irme a bailar hasta que ya no pueda caminar bien. Eso lo amo. La cosa es que en casa está todo lo que necesito. Lo único que realmente necesito: mis libros, mi computadora y mi wifi –en ese orden-. Con ellos he aprendido a dar clases, a escribir, a mostrar mis ideas, a recibir críticas.

Nunca tuve una estructura familiar muy normal -o vivía con un papá más bien relajado o estaba sola con amigos- así que eso de pelar papas a las 10:30 am no lo tuve claro nunca.  Pero debo admitir que sí mezclé en cierto momento algunas actividades caseras con mi cotidianidad académica. Finalmente uno tiene que comer. Así que en período de tesis horneaba tortas, hacía pabellones y jugos cremosos. La “ama de casa” la tenemos bajo la piel y no hace falta mucho para que salga a flote. Hice mi tesis, dejé de cocinar guisos y me enamoré de las ensaladas.

Hoy en día tengo una máquina de producción laboral en mi escritorio: la biblioteca la tengo a menos de 30 centímetros, wifi funciona a la perfección, los clientes llaman con confianza para darle los últimos detalles a esa publicación que se va a postear pronto en tal página web, tuiteo mi última columna , coqueteo con ese muchachín que escribe tan bien, al final de la tarde me entacono y a tomar café con él. Listo. ¿Para qué necesito más?

La habitación como sinónimo de emancipación cultural.

Remedios Zafra es una investigadora española que se enfoca en los estudios de género a través de las tecnologías de conexión contemporáneas: internet es una de ellas. Su texto “Una habitación propia conectada” nos habla de este espacio enchufado como uno político, emancipado y revolucionario. El espacio doméstico, no valorizado económicamente, ha dado un vuelco. No sólo es un ámbito de potencial producción monetaria. Es, afortunadamente, un lugar de producción cultural  personalizado: hago lo que me provoca hacer. No es extraño que estemos en tiempos donde, al hablar de trabajo, al menos decimos dos veces la palabra “emprendimiento” o “empoderamiento”. No es casual que estemos cada vez más alejados de la calle. O, mejor dicho, que nos entreguemos a ella sólo cuando es necesario. Y de esta manera hacerla propia por sus características únicas: la ciudad como espacio para hacer deporte, para buscar historias, cerrar negocios o sentir placer. ¿Y quién no quiere vivir en un mundo así?

Beautiful Black & White Photographs of Parisian Prostitutes from 1950s-60s (13) Viéndolo desde este punto vemos cómo se han transformado dos espacios: el público y el privado. Haciendo doblemente agradable la acción de quedarnos en casa. Es decir, a partir de nuestra estadía hogareña estamos construyendo una realidad política y pública en nuestros alrededores. Un cambio de vida completo. Pero esto no viene solo. La producción de nuestro “yo” debe ser pensada antes de sacarla a la calle a través de redes, blogs, tweets o llamadas de teléfono. Y me acerco a la teoría de la “trinidad de identidades” de Anna María Guasch: soy la que ha vivido, la que vive y la que escribe. Una concepción de nuestro yo que es pensado y elaborado. Un tiempo donde vale más decir lo que se piensa a través de un tweet que cara a cara. Tiempos de perfiles y gustos. ¿Suena conocido? Absolutamente. Y vemos cómo todas las piezas se juntan.

Mi casa, mi cuarto, mi trabajo.

No voy a decir que he leído seis teorías del yo para decidir quedarme en casa. Obvio que no. Mi estadía ha sido llevada por mi eterno amor a internet. Creo que desde que empecé a comunicarme con otros a través de una pantalla un universo completo se abrió. Muchos amigos contemporáneos hicieron vida laboral y productiva a través de este medio y lo que quedó fue aprender de ellos. Los jóvenes llevan más tiempo empapados de tecnología de conexión así que es natural que suden en palabra y acción su espacio virtual. Desde hace un año decidí, definitivamente, hacer vida laboral desde casa (redes sociales, manejo web, producción de contenido, elaboración de talleres de redes). Y no ha sido un cambio fácil. La mezcla de mi espacio doméstico con el profesional se ha vuelto a veces insoportable. Porque ningún cambio es agradable. Pero me veo escribiendo esto con un silencio absoluto, con una vista increíble, trabajo adelantado y mi café recién colado. Y, como dije anteriormente, estoy haciendo exactamente lo que quiero hacer. Se siente bien –a ratos-. Cuando la falta de sociabilidad toca la puerta recurro a cuanta aplicación encuentre: twitter, facebook, whatsapp, viber, skype. tumblr_m0jr83iltt1qbs2jn

Mis afectos están lejos -literalmente TODOS porque hasta en Caracas vivo lejos- así que agradezco con locura poder decirles: “ey, te extraño, ¿nos vemos más tarde?” . Así la ciudad y el mundo se han vuelto más agradables. Porque los hago reales cuando quiero.

El “regreso a casa” sin ser necesariamente una esposa o ama de hogar me ha definido como una mujer de pensamiento independiente. Y eso no es necesariamente bueno. Me hace falta el roce de ideas, la confrontación, el momento desagradable del día. Porque siento que estoy viviendo en un mundo bastante perfecto y eso no es lo idóneo. Estoy trabajando en ello agendando más reuniones con mis clientes –sobre todo los mayores de 50 años- y hablar de los posibles cambios para nuestras redes o diseño de páginas web. Cuando no entienden mucho es sabroso.

Explicar cosas nuevas a personas que están alejadas de esto, da un fresquito. Actualmente estoy trabajando con organizaciones políticas y grupos de género. Un universo completamente nuevo para mí. Próximamente empezaremos a dictar talleres donde intentaré explicar la producción de imagen virtual a través de las redes: todo es ficción, todo es imagen. Y este cambio radical de aire me tiene los pies en la tierra porque trasladaré mi burbuja conectada  a espacios definitivamente reales. Toda esta experiencia me la ha dado mi computadora, mi conexión a internet, mis libros, mi cuarto, la gente que he conocido en línea, mis contactos. Es difícil, sí. Pero no podría estar más agradecida. Como bien dijo Virginia Woolf: no hace falta más  que un cuarto propio y dinero para vivir.

Referencias bibliográficas:

GUASCH, Anna, Autobiografías visuales. Del archivo al índice, Madrid, Ediciones Siruela, 2009, 92 páginas.

ZAFRA, Remedios, Una habitación propia conectada, http://www.remedioszafra.net, 2010.

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