Sí señor, soy suya

Entrevisté, en el marco de las sombras jodidas de Grey, a un amo y su sumisa.

Publicado en Vice.

Me regalaron la novela de E.L James hace unos años. Confieso que la dejé en el grupito de “lo leo luego”. Sabía que iba a llegar la peli en algún momento y debía, por cultura pop, comérmela. Llega 2015, un mes libre de trabajo y le quito el polvo.

Algo que disfruté mucho fue “verme leyéndola”. Me explico. Estuve en shorts, camiseta, medias y trenza los tres días en que la leí –sip, es efectivamente adictiva-.

Me jalaba la cola del cabello cada vez que venía una parte emocionante. Me tapaba la boca con las partes kinkies. Cerraba el libro cuando quería golpear a uno de los personajes. Hablaba sola. Me paraba solo para hacer café y crispetas (cabritas en Chile, cotufas en Venezuela).

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Me ahogaba de risa con los diálogos divertidos. Es decir, fui una niñita leyendo una historia emocionante. Imaginen a Sebastian, pero con 25 años más leyendo ultra soft porn.

Y dije: “Este va a ser el punto de partida: no es una novela para adultos. No es para niños, es verdad, pero con absoluta seguridad no es ni de coña “porno para mamás“.

Imposible hablar de los gustos de cada mujer. Imposible. Pero parto de que nos gusta que nos follen bien. ¿Cómo empieza el buen sexo? Sabiendo lo que queremos. Es decir: ya tenemos experiencia suficiente para escoger con qué tipo de persona queremos, cómo queremos que nos traten, qué queremos hacerle a nuestra pareja, dónde, etc.

Me pregunto en qué momento alguien levantó la voz para criticar esta novela y se la lanzó a las “mamás”.

¿Imaginan lo rico que debe coger una señora que lleva todo el día ocupada con sus hijos? ¿Imaginan las escenas que se deben formar en los pocos momentos que tiene para tener sexo? Debe llamar a su esposo para que se la folle en el estacionamiento de su oficina; debe tirar divino mientras se baña con su pareja para ahorrar tiempo; si es soltera debe convertirse en toda una estrella porno cuando sale con un chico nuevo. Si algo me gustaría ver a mí es porno para mamás. Esto no es eso, ja-más. Partiendo de esto, hablemos de las 50 sombras.

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El librote y su peli.

Pongo claro, antes de seguir, que bajo ninguna circunstancia estoy alabando el abuso en pareja ni la violencia de género. He sido víctima de ella y soy, a través de mi palabra y mis acciones, una activista de la libertad sexual y todo lo que ello trae. La mía, la de todos. Estamos aquí hablando de experimentos ingenuos, de principiantes, de personas que se están conociendo en juventud. Y de una novela que debe verse, a mi parecer, desde la experiencia y disfrutar con ella. Sigamos.

Recuerdo tomar café una tarde con el primer noviecito de la universidad. Le comenté que siempre había sentido curiosidad por el calor de la cera caliente. Cómo se ponía fría inmediatamente al entrar en contacto con los dedos. “¿Te imaginas en la espalda? Qué rico”. No entendí muy bien, ese día, por qué el panita pagó corriendo la cuenta y me dijo: “Vámonos ya a mi casa. Pasemos antes por el súper”. Yo ni sabía que podía ver porno en mi computadora, pero imaginaba que ese calorcito en una nalga podría funcionar. La pasamos bien. El siguiente novio. De nuevo, sin porno en nuestras pantallas. Solo: “Y qué pasa si ponemos la mano acá y doblamos esto por este lado…”. Cuerdas, cremas, más velas, medias y full tiempo libre. Una maravilla la uni.

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El libro –una ricurita- nos muestra la historia de amor que cualquier muchacha –o la Samy del 2001- hubiese querido tener. Porque cuando tienes 20 apenas estas entrando en un mundo de texturas, sabores, sonidos, dolores y colores que no tienen comparación con nada. ¿Para qué necesitas pornografía si puedes pasar toda la tarde follando? Luego a comer, leer y seguir besando. Esa sensación adolescente está tatuada en las páginas del libro. Y es una maravilla. Por eso es tan adictiva.

Escribo desde mis recuerdos y el dolor placentero está ahí. El deseo de tenerlo y sobrepasarlo. Siempre he sido una persona fiel y con aquel segundo noviecito, con el que pasé años, podía permitirme experimentar. La maravilla de ser monógamo. No hay irrespeto. Hay consentimiento y confianza.

Mientras te paseas por la novela te preguntas mil veces: “Pero coño, ¿quieres o no que te den nalgadas? ¡Háblalo y decídete mujer!”. Pero luego recuerdas par de amores que no te hicieron muy bien y que, aun así, fue difícil soltar. La edad ayuda a salir de la duda –en todo terreno-.

De la película –mil disculpas- no quiero hablar mucho.

Sip. Me gustó mi novela adolescente. Extrañé lo más divertido: orgasmos increíbles, el pene perfecto de Grey –en mi cabeza era perfecto, pero perfecto-, las nalgas rojas de Anastasia luego de salir del cuarto rojo, las caminatas cansadas por la casa-galería después de una follada magistral, el sexo con la menstruación, la cara de placer de ambos al acabar al mismo tiempo. Es una novela sexual. Caramba. No nos hagan esto.

Salí de la película fastidiada. No esperaba ver moneyshots por todos lados, pero pensé que el fetiche con los objetos iba a ser increíble. Imaginé silencios y tomas eternas de las manos de Christian. Primeros planos de la cara roja de Anastasia. Sudor. Sonidos. Líquidos. Al parecer mi cabeza ya se había imaginado un escenario 🙂

Aún con dudas decido acercarme a una persona que tenga como estilo de vida ser dominante, amo o sumisa. Alguien que sea “dueño” de una chica. Siempre me ha gustado ver más que participar. Así que moría por escuchar a una pareja no ficcional. Y la encontré.

Sí, señor. Soy suya.

Lo primero que hago es revisar las redes sociales de este muchacho para hacer contacto. Lo logro, pero me desilusiona un poco saber que vive en otra ciudad. Tenía ganas de tocar cuerditas o ver de lejos algún juguete bonito. No sé. Escuchar historias.

Lo cierto es que me llamó la atención esta pareja por sus conversaciones de Twitter. Esta gente se quiere. Y mucho.

Una de las cosas que me hace ruido de la discusión de la novela de E.L James es que se incita al abuso de la mujer. Y esto es lo que menos veo acá. Lo que percibo es una relación establecida con ciertos parámetros distintos a los conocidos. Pero nada más. No creo que ninguna mujer se deje tomar una foto mientras está siendo abusada.

Todas las imágenes tomadas del Instagram de Cabudongo.

Decido ser curiosa y preguntarle cosas a Cabu. Con la mayor honestidad, hablamos.

¿Desde cuándo eres amo?

“Conocí este tipo de relaciones cuando tenía unos 13 o 14 años. He tenido tres sumisas en mi vida por lo que he sido amo tres veces. Tengo año y medio con mi sumisa actual. Como dominante, un poco más de 10 años”.

¿Qué es un amo y qué es una sumisa?

“Pues bien, básicamente un amo (o ama, pero hablo desde mi perspectiva) es una persona que le gusta estar en control de una persona. Si no tiene una persona a su servicio es un dominante. Hay los que se hacen llamar “amo’s” pero no tienen a nadie a su servicio. Es como ser amo de un perro que no existe. No eres amo del perro, sino alguien que le gustan los perros y quiere uno”.

“Un dominante es una persona que le gusta tener el control de las cosas que hace, saber hacerlas, y ha reunido un grupo de cualidades atrayentes para una persona sumisa. Una persona sumisa disfruta que le den atención. Le gusta servir para sentirse amada y protegida. En el mundo BDSM [1] es una persona fuerte que solo recibe órdenes de su señor y le complace hacerlo. Ella ha de tener vocación. De no ser así puede dominar a su amo –es lo que he escuchado que pasa en el libro-. Eso no debería ser así. Una Sumisa sabe exactamente lo que quiere”.


“El BDSM no está relacionado estrictamente con el sexo. Es más una práctica erótica. Una parte que disfruta causar dolor y una parte que disfruta recibirlo. Una sumisa, por ejemplo, le puede gustar servir, pero no tolera el dolor. Es bien complejo y complementario aunque no lo parezca”.

¿Te gustaría acercarte a una niña virgen que no tiene las más mínimas ganas de ser sometida?

“Responderé a esta pregunta como dominante. Si quiero que algo funcione a largo plazo y no veo que esa persona me ofrezca eso en mi intimidad, por supuesto que no la tomaría como sumisa. Pero la gente cree que nosotros somos de hierro. Que es una obligación para tener sexo el amarrar y dar cachetadas a cualquiera que se acueste con uno. No pasa de esa manera, no siempre que tenemos sexo hay cuerdas, látigos o pon tú el juguete que quieras. Se tornaría monótono a la larga”.

¿Existe realmente este proceso de “vamos a hablar bien de nuestros límites”?

“¡Sí! Es una práctica donde existen reglas y parámetros. Hay participantes que se rigen por el SSC (sensato, seguro y consensuado) donde para iniciar el “juego” han de tener pre establecida la palabra de seguridad, instrumentos de juego, señales –en caso de estar amordazada-, etc”.

“También están los participantes que se rigen bajo el RACSA (Riesgo asumido y consensuado para practicantes de sexualidad alternativa). O el metaconsenso en que la dominante conoce tanto a la parte sumisa que él sabe exactamente qué hacer, qué usar y donde parar. En este par de conceptos siempre ha habido un debate alrededor porque muchos no ven seguridad y las cosas pueden “salirse de control”.

“Y sí, aunque te parezca aparatoso, existen los contratos. Mi sumisa y yo tenemos uno bien establecido y firmado con tinta y una gota de sangre de ambos. Aunque hay personas que no lo ven necesario, soy fiel partidario de los rituales.”

 

¿Siempre siempre eres “amo”? ¿Cómo se llaman entre ustedes?

“Siempre soy su amo, su señor. Cuando estamos solos o con gente de confianza. Mi gente más cercana conoce nuestro tipo de relación y aunque al principio les haya costado aceptarlo, ya lo hacen con naturalidad. Me llama “mi señor”, “mi amo” o hasta “mi papi”. Esto con una connotación de rolplay. Entre familia -aunque ya hay indicios de sospecha-: “mi amor”, “mi Vvda”. Eso está bien para nosotros. Yo la puedo llamar como quiera: “mi perra”, “mi cerda”, “mi puta”. Todo en modo rolplay”.

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¿Cuál es el nivel de dolor máximo al que han llegado?

“Bien, ella es sumisa y es masoquista también -por fortuna para mí-. Hemos llegado al punto de sangrado, de hiperventilación y casi desmayo, de lágrimas en abundancia, vómito, quemaduras”.

¿Qué técnicas practicas?

“Mi favorito es las prácticas de las ataduras: shibari japonés [2]-. Trato de usar lo menos posible cualquier otra cosa que no sean cuerdas para amarrar, aunque puede haberlas, como cinta plástica por ejemplo. Siempre ha de haber un instrumento para cortar en caso de emergencia. Practicamos humillación, rolplay, algun tipo de fetiche, la “poliarmonía”, cera, pinzas, y alguna se me ha de pasar”.

Luego de hablar con esta pareja confirmo que “Cincuenta sombras de Grey” es una novela de amor que me hubiera encantado leer a mis 20 años luego de quitarme la cera de vela de mi espalda. No se aleja mucho de los contratos reales. Y, sí, es divertida. A calmarnos un poco y a disfrutar de la diversidad de las prácticas sexuales 😉


[1] BDSM es un término creado para abarcar un grupo de prácticas y fantasías eróticas. Se trata de una sigla formada con las iniciales de las siguientes palabras: Bondage, Disciplina; y Sadismo Masoquismo. Abarca, por tanto, a una serie de prácticas y aficiones sexuales relacionadas entre sí y vinculadas a lo que se denomina sexualidades no convencionales o alternativas. Tomado de Wikipedia.

[2]Shibari japonés: denominación para las ataduras tipo bondage realizada como refinada práctica sexual. Se realiza sólo con cuerdas a diferencia del Bondage Occidental que sí utiliza cualquier elemento para amarrar. Tomado del libro “Porno para mujeres ” de Erika Lust y Wikipedia.

 

 

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