El vibrador y su historia

El juguete sexual por excelencia es el vibrador. A partir de él se han creado una serie de objetos cuya función es única y exclusivamente sacarnos sonrisitas placenteras –solos o acompañados-. Pero su historia comienza en otro espacio: era una herramienta médica.

Hasta mediados del Siglo XIX se diagnosticó una enfermedad, específicamente femenina, llamada “Histeria”. Era diagnosticada sólo a mujeres porque, según investigaciones provenientes de la antigua Grecia, tenía que ver con la posición y el movimiento del útero. Se relacionaba con mujeres que eran muy apasionadas pero que no tenían manera de expresarse sexualmente: monjas, viudas, vírgenes y, a veces, mujeres -¿infelizmente?- casadas. Los síntomas principales eran mal humor, falta de apetito, malestar, irritabilidad y una inclinación a causar problemas a quienes rodeaban a la enferma. tuppersex miiT

Los doctores se encargaban de proporcionarle calma para sus penas: con sus propias manos, le hacían llegar al orgasmo. El proceso duraba entre 8 y 10 minutos. Eso era trabajo de “hombres”, es decir, doctores o esposos, dependiendo del caso. Como es de esperarse, éstos se cansaron. Se dedicaron a masajear el clítoris y la zona del útero con chorros de agua. Ahora la cosa era más rapidita: a los 5 minutos la paciente estaba lista.

¡Baterías, por favor!

A finales del siglo XIX, la electricidad entra en juego. Un aparato eléctrico mecánico fue diseñado para calmar a cuanta “histérica” andaba suelta. De mil a siete mil pulsaciones calmaban a la más antipática e irritada. Como es de suponer, el aparato, cada vez más sencillo, tuvo un éxito gigantesco. Para mediados del Siglo XX el aparato que vibra ya se publicita en la prensa. “El camino hacia la vitalidad y la belleza”, dice una cajita que vende un masajeador para el rostro y cuerpo pero que era utilizado para fines un poco más íntimos.

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Pero la pornografía le dio al sexo y al orgasmo femenino un matiz que se alejaba de la medicina. Las décadas del 40, 50 y 60 ya eran lo suficientemente cerradas -“físicamente”- como para seguir vendiendo aparatos que proporcionaban placer como aspirinas. Se convierte entonces en un objeto meramente sexual y, en los años 70, algunas feministas lo utilizaron como bandera. Las sex shops empiezan a hacerse públicas y el “auto orgasmo” le da a la mujer libertad de escogencia: se puede tener placer sin sacrificar carrera o trabajo. Porque antes, si estabas casada, no podías hacer mucho más que ser madre y atender a tus hijos.

Hoy en día, el vibrador, aunque es difícil de creer, se ve con un poco de tabú. Las tiendas de juguetes sexuales tienen vidrios oscuros u opacos; a las mujeres no les gusta entrar solas en ellas; se considera que es un accesorio para solteronas. Y, peor aún, hay muchos hombres que no permiten que un pedazo plástico entre en la cama porque es considerado “competencia”.

Quitémonos de encima tanto tabú. Los toys ya están aquí 😉

Urbe Bikini #69

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