Vistiendo contenido: #moda en tiempos de internet

Originalmente publicado en la Revista Ojo N° 23.

“Los dominios virtuales parecen ser un ejemplo de la idea de que el cuerpo no queda limitado por la piel, sino que puede ser una estructura más compleja y abierta”
Nicholas Mirzoeff, en Una introducción a la Cultura Visual.

Los trapos y sus ganas de decir.

El anonimato es una condición que nadie quiere adoptar. Queremos ser vistos de buena manera. Y nada más imposible que gustar a todos. Por eso la tecnología, que presta sus servicios a la imagen, se ha encargado de borrar cualquier vestigio de discreción a través de trapos, texturas y colores.
En las ciudades, repletas de gente desconocida, es necesario formar parte de un grupo. Mostrar identidad para entrar en un espacio de identificación personal. Así nace, en el siglo XIX europeo, dos formas claras de estilos: el dandy y el romántico.

El primero, nacido en Inglaterra a finales del siglo XVIII, daba paso a una figura que resaltaba la masculinidad. Sin maquillaje, perfumes o adornos, este estilo se apoya en las formas del cuerpo del hombre —eso sí, con un gusto exquisito—. A diferencia del “aristócrata” cuya imagen proyectaba una coquetería mucho más evidente.

Imagen tomada de Costume and fashion history: gender, public space, visual culture.
Imagen tomada de Costume and fashion history: gender, public space, visual culture.

El segundo —inspirado en el Romanticismo— valora la idea, las humanidades, la individualidad, la creación. El hecho de ser bohemio le da permiso a compartir y a exaltar igualmente la belleza. Una que va de mano con el arte y la literatura.

Ambos personajes son fanáticos del ocio —ya que el trabajo no es sinónimo de belleza—. El dandy representa a una aristocracia a la que ya no le está yendo muy bien. Pero a pesar de ello se mantiene con una piel hermosa y chaquetas que van en su santo lugar. Mientras, el bohemio renuncia al placer y al confort buscando satisfacer los sentidos en otras actividades. Es decir, tampoco le iba muy bien en el terreno de las finanzas.

Tomo como ejemplo estas figuras para mostrar un momento de la historia del hombre donde efectivamente se decía un discurso específico con ciertos trajes y actitudes. Con el tiempo la moda ha logrado expandirse en cada grupo humano como una segunda piel. Una cédula de identidad que está definida antes del mismo acto del nacimiento. Y, con toda certeza, puedo incluir la palabra “híbrido” en la descripción de nuestras formas actuales. No se trata solo de lo que llevamos puesto o lo que nos gustaría representar (dinero, estatus, inteligencia o educación). Ahora nuestro cuerpo viene acompañado de tecnologías que son invisibles pero que nos definen, sin duda alguna.

“¡Buenos días, internet!”

Uno de los ensayos que ha marcado un antes y un después en la historia de los estudios del cuerpo es Un Manifiesto Cyborg de Donna Haraway (1985). Un discurso que prevee la mirada “no inocente”, como ella lo afirma, de todo ser humano-máquina. Uno que no espera ser salvado por ninguna religión, que se considera un joven eterno y que no le teme a nada.

“La ciencia ficción contemporánea está llena de cyborgs. Criaturas que son simultáneamente animal y máquina, que viven en mundos ambiguamente naturales y artificiales. La medicina moderna está asimismo llena de ellos, de acoplamientos entre organismo y máquina, cada uno concebido como un objeto codificado, en una intimidad y con un poder que no existía en la historia de la sexualidad”.

La confianza que hemos desarrollado con nuestra personalidad en internet es, si lo vemos con ojos de pasado, increíble. Los límites entre naturaleza y tecnología han desaparecido. Y hemos estrechado lazos con este trozo de “humanidad” como no lo hemos hecho con alguna otra cosa en la historia. Ni siquiera con el ejercicio de la lectura —que es prácticamente lo tercero que aprendemos a hacer luego de caminar e ir al baño—.

http://kategibb.co.uk/
Imagen de Kate Gibb

Como afirma Haraway: el poder de esta relación no se ha visto ni en la historia de la sexualidad. La fusión con nuestro “otro digital” ya forma parte de nuestra piel. Y, considero, es nuestro accesorio principal. Por ello el poder del contenido se ha convertido en nuestra prenda favorita.

http://kategibb.co.uk/
Imagen de Kate Gibb

“Los dominios virtuales parecen ser un ejemplo de la idea de que el cuerpo no queda limitado por la piel, sino que puede ser una estructura más abierta y compleja”, afirma Mirzoeff.

Nuestra ciudad se ha convertido en una constante imagen proyectada, una foto de perfil que es revisada en secreto por un posible jefe o cuando alguien quiere saber un poco más de nosotros antes de darnos un primer beso.

Las charlas se han vuelto más cercanas que nunca a pesar de las distancias. Nuestra piel parece de dandy de siglo XIX a la luz del filtro adecuado. Nuestro tiempo de ocio es el único que se ha ganado el premio de ser publicado.

A pesar de tanta tecnología y cyborg-estímulos nuestra cara de occidentales de siglo XIX no ha cambiado. Queremos ser los más bellos, las más femeninas, los más cotizados, los más inteligentes, los más divertidos. ¿Esto no suena a apariencia? ¿Esto no suena a maquillaje de primera hora de la mañana?

Nuestra imagen puede ser pulida y acomodada a gusto a cualquier hora y distancia. Estamos expuestos a nivel mundial frente a millones de personas. Nos están escuchando. Nos están leyendo. Nunca antes habíamos sido tan perfectos —sin sudar mucho—. Nuestros dispositivos móviles pueden hacer el trabajo por nosotros.

Nunca antes había sido tan fácil estar a la moda.

  1. HARAWAY, Donna, A Cyborg Manifesto en The Feminism and Visual Culture Reader, London, Edit Routledge, pág.475-491, 2003.
  2. MIRZOEFF, Nicholas, Una introducción a la Cultura Visual, Paidós Arte y Educación, 2003.
  3. ENTWISTLE, Joanne, El cuerpo y la moda. Una visión sociológica, Edit. Paidós, 2002.
  4. Costume and fashion history: gender, public space, visual culture. http://world4.eu/

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