Madonna, sin darme cuenta

Escrito originalmente en febrero de 2011.

Come on, girls!

Do you believe in love?

‘Cause I got something to say about it

Madonna

Cuando falleció Michael Jackson yo estaba en París con un novio el cual tenía 6 meses sin ver. Teníamos planes para visitar no sé cuántos sitios, comer en el primer hueco que encontráramos, besuquearnos. Esas cosas ricas que te emocionan tanto que ni duermes bien sólo para aprovechar el tiempo. Esa mañana las cosas cambiaron. Nos sentamos en el lobby del hotel a ver las noticias: “Ya va, es que no entendiendo… “, era lo único que repetíamos. Al rato, tipo 11 am, nos abrazamos y decidimos que teníamos que salir. Estuvimos callados casi 15 minutos…

La gente se miraba impresionada en el metro. Viejo, Michael Jackson ya no estaba. París estaba alborotada . Vi cualquier cosa ese día. Bailamos Thriller en la calle, lloramos…

Unas semanas más tarde, en Barcelona, fui testigo de una caminata Moonwalking masiva. Bebés  en sus coches con guantecitos blancos en la mano, reían; otros mostraban sus chaquetas espectaculares sacadas casi de la pantalla; niños de 10 años cantando todas sus canciones con acento español puro y rudo; caras conocidas que aparecían y no se enteraban de que andabas ahí -simplemente cerraban los ojos y bailaban de espaldas, hasta donde el cuerpo lo permitiera-. Nunca, de verdad, nunca, había visto tanto amor por la música. No soy fan, que quede claro. Simplemente me crié con su voz. Es Michael y lo llevo en la piel. Y quedé fascinada por el amor que pedacitos de mundo le ofrecieron en el momento de su partida. Inevitablemente, pensé en Madonna aquel día terrible en que MJ se fue. Y hoy, año y medio después, le dedicó unas pocas letras. Pensando, sí, en el día en que ella ya no esté.

Yo nunca he sido una chica de dinero. Discos, juegos, viajes, son cosa nueva. Y, por supuesto, eternamente agradecida a internet, quien me ha dejado escuchar y ver  lo que sea. Por eso no me considero una fanática. Sí soy fan de toda la estética femenina de la mitad del Siglo XX y todo lo que eso trae consigo -música, ropa, maquillaje, relaciones personales, género- . He agarrado aviones para poder entender mejor este proceso girly pop ya sea a través de exposiciones, libros o comics.

Pero no me siento seguidora de Madonna -o al menos eso pensaba hasta que escribí estas notas-.

Madonna me enseñó a bailar.  BorderLine fue un sencillo sacado en el año 1984, cuando yo tenía 5 piches años. No sé, creo que no sabía ni mi nombre. Pero recuerdo clarísimo bailar frente a la pared blanca de mi casa, junto a mi sombra, el pasito aquel que iba de un lado a otro. Ochentas puros en los salones de fiesta de nuestros edificios. “Stop playin’ with my heart, Finish what you start”, decía esa canción. Una Madonna alborotada y rabiosa por un tipo que no quería hacer bien su trabajo. Yo, con mis 5 años, sólo estaba interesada en bailar, siempre pendiente de que mi colita de caballo estuviera en su sitio, como la de ella.

Al mismo tiempo , Like A Virgin sonaba en aquello que, de lejos, se llamaba MTV. Una chica que, aún tímida, se sentía virginal y con el corazón acelerado por este chico que se le acercaba. A pesar de su glorioso vestido de novia, ella no se callaba. 1986. Se estrena  Papa Don’t Preach  y nos abofetea.  Sorry, but “ I made up my mind, I’m keeping my baby…” Madonna se ha hecho mujer. Toma decisiones. Nosotras, niñas miniaturas, bailábamos sin entender. Express your self alborota a la humanidad en el año 1989, siendo el segundo sencillo de su álbum Like a Prayer:

                                        Don’t go for second best baby

                                          Put your love to the test

                                     You know, you know, you’ve got to

                                       Make him express how he feels

                                And maybe then you’ll know your love is real

Una Madonna que se toca la entrepierna mientras baila, mira a los ojos y  dice esto, tumba a medio mundo. Ya no se trata de hacer lo imposible para que este chico te preste atención. Lo que necesitas es que te hagan sentir como una reina. Si no es así, es mejor andar sola. Espera, no te lances por  cualquier cosa. Quiérete. Eso viniendo de la boca de una de las mujeres más espectaculares del planeta, es una clase de feminismo completa.

“So now what…?” pregunta Madonna.  Justify my love llega. Corren los 90s. Y no hay cuerpo que pueda mantenerse entero. Esta mujer ha pasado por todo y simplemente dice: “Y “¿ahora qué? “. Soy tuya, ahora qué… “Kiss me, that’s right, kiss me”.
Absolutamente segura de su sexualidad entra en su juego musical. Desaparece la que tiene miedo de perder al amor de turno. Da igual si estás o no. Es ella quien lleva las riendas. Y es ella quien, definitivamente, logra activar cada uno de nuestros espacios eróticos. El tiempo no la toca. Su voz se cuela por las edades, los permisos, las horas, los espacios. Hoy, 11 años después, saboreamos su voz. Cerramos los ojos y la escuchamos gemir. Invitamos gente a escuchar, sentimos su deseo.
Yo estuve alejada de sus canciones hasta que me topé con 4 minutes, canción que cantó junto  a Justin Timberlake en el año 2008. No pude quitar la vista de la pantalla. Y recordé 1984, all over again.

Lo interesante del trabajo de Madonna es que, a pesar de su belleza platinada y sus espacios inalcanzables, es una persona que ha vivido sus pasiones igual que cada una de nosotros: flirteos, despechos, curiosidades sexuales, amor, soledades felices, enamoramientos absurdos. Y con su voz inapagable defiende cada uno de sus momentos, aunque éstos no sean siempre los más sensatos. Es realmente por eso que me deja sin aliento. Nunca la he visto cabizbaja y, de seguro,  lo ha estado más de mil veces. Pero procesa todo y lo hace canción, siendo nosotros los afortunados de bailarlas por años.

Ella ha estado en mi vida por más de 25 años. He escuchado sus letras, seguido sus bailes y he visto cuanto documental saca a la calle. La escucho, la vivo y la respeto. Me gusta que use, varias veces, a Tamara de  Lempicka en sus videos. Porque ella sabe que es tan glamorosa como cualquiera de sus obras, sólo que rodeada del mejor pop que haya existido. Por más que no me sienta fan de nadie -por aquello de que la tendencia al coleccionismo no va conmigo-, no puedo negar mi eterno crush con la Madonna. Es perfecta, por donde se vea.

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