Mi mini obra de arte :)

Cuando salí de la Escuela de Artes (2006) tuve un período rarito. No sabía si quería ser artista o investigadora o fotógrafa o qué. Mientras preparaba todo para irme del país para seguir estudiando hice un montón de cursos sobre montaje de exposiciones y teoría fotográfica -cuando por Caracas se paseaba Fontcuberta, por ejemplo-. Y me dije: “yo soy artissssta plásticaaa”. Umju. Sí Luis.

Gastaba un montón de plata en materiales, texturas e impresiones. A pesar de que tenía años practicando fotografía no quería que la cosa se quedara allí. Tomaba muchas fotos de Caracas con una cámara digital pequeñita y discreta que tenía. Ya había soltado la Pentax K1000. Pero al mismo tiempo todo el rollo del cuerpo y la historia de la mujer ya lo tenía instalado en el coco.

Después de muchas noches estudiando Photoshop -porque no tenía idea de nada- logré fusionar las imágenes de Caracas con esa idea eterna de mujer guapa: las pin ups 50s. No tenía intención de hacer un discurso feminista. Pero, viéndolo con una década de distancia, sí tenía algunos matices.

“Álbum de familia”, como llamé a esta serie de fotomontajes, quería simplemente recordar al eterno modelo de lo bello: bocas rojas, zapatos altos, cabello largo. Y sí, más de cincuenta años después, aún es el modelo a seguir.

Trabajé mucho estas imágenes. Y pensaba regularmente: “Qué bolas el trabajo del artista de profesión. Qué admiración”. Porque se gastaba mucho dinero y a veces el resultado no era el deseado. Y además, se tiene que sacar tiempo del trabajo “formal” y eso, simplemente, agota.

Luego de definirlas conceptualmente, venía el otro gran paso: el soporte. Pasé años estudiando el bendito soporte, viendo obras clásicas y contemporáneas de todo el mundo. Y no fue hasta que llegó el momento de trabajar cuando dije: “Puuuta, ¿y ahora? Dónde imprimo esto para que dure…”.

Después de varias pruebas, las tenía listas. Empecé a mandarlas para Salones de Arte y me rebotaban. Y me deprimí un pelo y todo. A mí me parecía la cosa más linda del mundo, jajaja 🙂 Así que un grupo de la Escuela de Artes decidió hacer, en Europa, su propia expo. Comenzaban los tiempos de “emprendimiento”, imagino.

Ellos lograron hacer una expo en Bregenz. Vendí dos fotomontajes el día de la inauguración -cosa que me alegró la vida completica-. Siempre  pienso en mis dos afichitos que deben estar por allá cerquita de Suiza, muertos de frío. Con ese dinero me ayudé para irme a estudiar. Mis fotitos, finalmente, me alimentaron por un buen tiempo. Y tal fue el desorden de aquel experimento que ni sé dónde están las obras restantes. Pero buueh, ya sabré.

Nunca las había expuesto formalmente por acá. Ahora tengo par de días libres y pensé en mi obrita. Ojalá el bendito “soporte” este haciendo bien el trabajo y que sigan tan lindas y coloradas como el primer día.

 

Álbum de familia, 2006.

 

 

 

 

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